Vagabundeando a la vela en solitario sin etapas por el Atlántico

Vagabundeando a la vela en solitario sin etapas por el Atlántico
Soy navegante solitario siembre que puedo. No hay una sola razón para ello. Me gusta estar solo y decidir y actuar por mí mismo, eso es cierto. Aunque también me veo impulsado a hacerlo por entender la navegación de forma diferente a mis tripulantes. En general, esperan ir de un puerto a otro, para pasar un tiempo haciendo vida de puerto o visitando la tierra. No tengo nada en contra de este turismo, pero prefiero pasar el tiempo navegando que amarrado. Así que suelo navegar solo y todo el tiempo disponible.
Tenía libre desde los días previos de Navidad hasta fin de año. Así que empecé a pensar qué travesía hacer. En seguida vino a mi mente la vieja leyenda del Holandés Errante y la maldición de su eterno navegar como condena por hacerse a la mar el día de Viernes Santo, tras su acuerdo con el Diablo. Mientras tanto, el Waltzing Matilda sonaba insistentemente en mi cabeza, diciéndome: “¿quién vendrá a vagabundear conmigo?”… Mejor no se lo digo a nadie, y me paso mis diez días vagabundeando yo solo y sin escalas. Poco hay que preparar para eso. La siguiente vez que pensé sobre el asunto, ya debía estar abordo.
Cuando navego una ruta establecida, preparo la derrota, estudio la previsión de la meteo, hago la logística, reservo atraques y lo vuelvo a comprobar varias veces. Esta vez, nada de eso es necesario. Poco más que mis pertrechos en una bolsa de marinero y la compra de víveres por Internet para que me la sirvan a mi llegada al pantalán. Decidido y a navegar.
Salgo por la bocana de la Marina del Sur en Tenerife y me pongo a ceñir. No es cosa de dejarse llevar al principio para tener que barloventear cuando haya que volver, que luego todo son prisas. Esto me lleva rumbo Norte. Gano Latitud por el Canal Anaga-Agaete y el suave Alisio me lleva por una Mar llana que con solo 11 nudos de viento me permite un andar de 7 nudos. Mi barco debe tener un pacto inconfesable. No en vano su nombre es el ‘Demonio’.
Tras el primer día de navegación, mi ‘Demonio’ me lleva a uno de mis Paraísos, las Islas Salvajes. Le dejo cruzar entre los dos grupos de islas. Pasamos inocentemente, siguiendo a un descuartelar por aguas Portuguesas. Poco más tarde el viento rola a derechas, así que está claro que acabo de pasar un frente. Dejo correr al ‘Demonio’ al menos hasta que lleguemos a Madeira. Luego habrá tiempo de volver.

Paso del Frente
Poco más de otro día de navegación y me encuentro frente a las Desertas. Muchos recuerdos de mi anterior visita hace ya un tiempo. El viento está decayendo y la Mar tendida cada vez más baja me indica que la previsión es a la calma. La noche cae y las luces de Funchal llegan hasta el Demonio reflejadas mil veces en la superficie planchada. El barómetro ha subido 5 mbar en 24 horas mientras el termómetro ha bajado 3 C. Esto ya es oficial. O escapo de aquí o me quedaré mucho tiempo encalmado. Cambio de planes, pues. Rumbo Sur, rememorando el tiempo de los Clippers: ‘hasta que la mantequilla se derrita en la sentina’. Demasiado tarde. Mi mantequilla se me va a derretir los próximos dos días, más o menos en esta Latitud. Me dejo ir al Sur con la corriente. Paciencia para hacer 3 nudos buscando más viento. Lo encuentro 32 horas después y 90 millas más al Sur. No mucho. Quiero Mar en mi proa. Doy un través que me aleje de mi puerto de arribada y me dejo ir al Este, a 6 nudos.

Funchal al anochecer
Madrugada del quinto día. Todas las nubes han desaparecido, la Mar está llana. El Mundo es una superficie perfecta de agua cubierta por una cúpula de cielo raso. No he visto ningún otro barco desde hace días. Es agradable tener sitios privados en los que perderse.
El ‘Demonio’ parece que añora islas. Un día más y me lleva por entre el Archipiélago Chinijo. Por mi amura aparece Alegranza. Siempre me ha parecido un nombre muy apropiado para la primera isla que se avista al llegar a las Canarias. Así me siento yo. Y como el ‘Demonio’ parece que quiere jugar entre las costas, nos dejamos ir entre las islas del Chinijo.

Isla de Alegranza. Archipiélago Chinijo
Cuando navego en solitario, el paso del tiempo se modifica. Será ese régimen de vigilia relajada en el que sesteo por veinte minutos cada cuatro o cinco horas, para mantenerme alerta a la navegación. Es el Cuaderno de Bitácora el que me advierte de que mi tiempo se está acabando y debo pensar en ir buscando Sur. Es una pena, pero es cómodo navegar con el Alisio por la aleta. Nos dejamos llevar mientras el Sol le deja la eclíptica a la Luna, que ya ha pasado del cuarto creciente. El principio de la noche es despejado y me ocupo en identificar las estrellas y planetas. El cielo de invierno es bien característico. Sirio y las estrellas de Orión marcan las horas como un reloj. Marte y Neptuno titilan con brillante color. Bien entrada la noche, desaparecen detrás de las nubes. Ahora las luces son las del tráfico que hay en la zona del canal de la Bocayna. Cruceros iluminados como una ciudad. Es dificilísimo identificar sus luces de navegación entre tanta iluminación. Puesto que no tengo radar, me dedico a tomar cada diez minutos sus marcaciones para comprobar quién de ellos está en rumbo de colisión conmigo. Esto es entretenido cuando hay un par de barcos en nuestras inmediaciones, pero esta noche parece que haya aquí una fiesta. Cuento más de 10 barcos. Uno de ellos, un mercante por mi aleta me viene dando alcance. El RIPA es claro: ‘barco que alcanza, gobierna’. Pero su marcación es empecinadamente constante. Ya le puedo ver todas las luces de su puente, así como sus intenciones de no gobernar. Me asiste el derecho a exigirle por radio que me de resguardo. No tengo humor para eso. A menos de una milla mi alarma de AIS aúlla y viro para escapar de su derrota. Empieza el baile. Ahora estoy en medio de un tráfico infernal y me he puesto en la proa de un crucero iluminado como un árbol de Navidad. Otra maniobra. Hay poco viento, así que en previsión de quedarme sin arrancada en tan mala situación, arranco el motor. Fallo en el arranque. Varios intentos y tengo potencia. Dejo el motor desembragado, en previsión por si lo necesito. Maniobro a vela. La bolina me escora bastante y en esa estoy cuando el motor se cala. Hago un buen andar a vela y no fallo las maniobras, así que olvido el motor por ahora. Gobierno media docena de barcos y cuando el cielo empieza a clarear, ya estoy libre por mi proa para continuar en demanda de Tenerife.
Me ocupo ahora del motor. Compruebo niveles. Todo parece en orden. Lo acciono de nuevo y tras un par de toses, se pone en marcha. No es normal que tarde en arrancar. Dejo que cargue las baterías durante una hora, como hago cada cuatro, y lo vuelvo a parar. Un nuevo día en el que viento refresca al fin y con F6 puedo disfrutar a la rueda. Cruzo el dispositivo de tráfico del canal entre Gran Canaria y Tenerife, por su zona establecida a tal fin. Navego en el mismo rumbo que los ferryes que unen las islas. En esta situación, al cruzarme o ser alcanzado por ellos, siempre me imagino lo que pensarán en el puente al vernos navegar a la vela. Me gusta suponer al capitán añorando la navegación libre y por nuestros propios medios, pensando en su puesto cómo ese amor a la libertad de navegar le ha llevado a ganarse la vida en la Mar bajo la tiranía de navegar a destino y tiempo fijos. Hoy no me cambio por él.
Vuelve a caer la noche. Ya estoy cerca de mi único puerto y último destino de este viaje. Hago un buen andar navegando en la zona de aceleración de viento junto a la costa de Tenerife. A media noche alcanzo el extremo Sur de la isla. Viro para hacer las últimas millas en la encalmada que me proporciona el sotavento del Teide. Casi se pierde toda la arrancada y por veces, el gobierno es difícil por la falta de viento. Según mi rutina se acerca el momento de volver a arrancar el motor para cargar baterías. Pero una alarma bajo cubierta se me adelanta. El panel de control marca baterías agotadas. Doy contacto y el motor no se mueve ¿Cómo puede ser esto? El barco tiene dos grupos de baterías. La de servicio alimenta los sistemas de abordo en un circuido independiente del arranque de motor, que se alimenta por otra batería en un circuito diferenciado. De esta forma se previene lo que acaba de pasar. No es la mejor situación, en encalmada, con la costa cerca y presto a entrar en puerto. No vale de nada verter lágrimas en la Mar. Hay que actuar rápido, antes de que las baterías mueran completamente. Enmudezco la alarma y apago todos los sistemas. El panel marca una descarga leve de las baterías de servicio (11.1 V) y la muerte de la batería de motor (10.3 V). Abro el compartimento motor y compruebo que las conexiones de alternador, regulador, cargadores y baterías están aparentemente en orden. Abro el tambucho que guarda las baterías de servicio. Afortunadamente ambos grupos de baterías no están lejos. Tengo cable suficiente a bordo para interconectar los grupos. Espero que la energía residual en el grupo de servicio sea suficiente para arrancar el motor, antes de que su batería muerta drene toda la potencia. Rápidamente acciono el contacto. El motor gira muy despacio durante unos segundos. Toses. Un ralentí titubeante. Silencio. Otra vuelta de motor. Y un balsámico ronroneo, al fin. Acelero para evitar que se cale.

La noche
Ya con potencia mecánica, me afano en preparar el barco para el puerto. Arriar las velas que han estado izadas diez días, dar defensas y llamar por radio a la Marina. Todo bien, salvo que en la Marina no me contestan. Otra vez que tendré que atracar en solitario. Amarras y ya estoy preso otra vez en tierra.

Marina del Sur
Todavía me dura la excitación. No tengo sueño, aunque no he dormido mucho en diez días. Arrancho todo lo que puedo hacer sin mucho ruido para no molestar en el pantalán. Ya no queda nada que hacer salvo tumbarme a recordar los días pasado en la Mar. No tengo sensación de haber estado embarcado por largo tiempo. Es un sentimiento conocido, previo a cada desembarque. Ahora hay que pensar en la próxima navegación. Quizá más vagabundeo.
P.S.: Después de mi desembarque hablé con el mecánico que revisó el barco. Resultó que el gasoil estaba contaminado. Hay que tener cuidado en donde se reposta. Respecto a la batería. Son cosas que pasan. También las baterías mueren.