Relato de Viaje. Segunda Parte

Continuemos con el relato.

Por la mañana temprano, y después de haber descansado y comido adecuadamente, él  domingo 29 de de noviembre dejamos atrás el puerto de Mindelo. El relieve de sus costas e islotes es más bonito que el interior de la isla. Parece ser que no ofrecen una adecuada oferta turística ni sus paisajes son especialmente bonitos, por lo que se han convertido en un mero punto de tránsito para los navegantes que pretenden cruzar el Atlántico por esta ruta, o los que quieren dar la vuelta al Cabo de Buena Esperanza. Tan solo se ve algo de oferta para la pesca deportiva.

Me estuve informando, claro está, y pescar un marlyn desde el barco de un local es un disparate. Cosas de ricos. De todas formas, ya llevo tiempo intentando pescar solo lo que me como. Y especialmente en este viaje. En este sentido la fortuna nos volvió a sonreír a unas 10 millas de la costa, pues picaron dos abadejos a la vez, uno en la caña de Pablo.Cada uno de ellos de aproximadamente un kilo. Los preparamos a la espalda en el horno añadiendo un majado final de vinagre y ajos crudos. Exquisito. La verdad es que hemos comido muy bien. Regularmente cocinamos cuatro de los seis, y hay un cierto pique entre todos a ver quien cocina mejor.

Yo y Jean ni nos acercamos a la cocina, pero a cambio fregamos los platos. Los postres los borda Pablo, el pescado es cosa de Pedro y en los guisos vamos empatados. Juanjo siempre hace de pinche.Tomar el aperitivo es lo obligado. Quesos manchemos que trajo Juanjo, quesos suizos gentileza de Jean, el jamón ibérico que llevo Pedro envasado al vacío, chorizo, fuet…..

El vino canario lo puso Mi gran amigo Richard procedente de su bodega 1861 , gran vino. No estamos bebiendo mucho, pues las maniobras en el barco requieren concentración, pero en los aperitivos no faltan la cerveza y el vino. A parte del pescado, que lo comíamos  en el mismo día de cogerlo, y ha sido la base de nuestra alimentación muchos días, hemos hecho fabada, lentejas, rancho canario, papas arrugadas con mojo, pasta…. Solo hemos comido carne los primeros días. Mi madre  nos preparó un jamón enorme asado. Nos duró varios días y con la salsa que sobró yo hice unas papas guisadas. El pescado ya se ha terminado y no vamos a pescar más. En estas islas puede transmitir una enfermedad grave que se llama ciguatera. Es una toxina originada por un alga que no afecta al pez cuando la come, pero tiene efectos neurotóxicos en las personas. Además esta es la peor época del año y estas son las islas con más peces infectados. Así es que se terminó la pesca.

Ayer mismo, a media tarde, en la caña de Pedro  picó un dorado enorme que rompió el sedal a menos de 10 metros de la popa. Ni las cañas ni los carretes son los adecuados para sacar peces de más de veinte kilos. Aún así, Pablo recogía con el carrete mientras Pedro tiraba del sedal con las manos debidamente protegidas con unos guantes. El pez se había llevado previamente más de trescientos metros de hilo, pues aun cerrando el freno tenía fuerza de sobra para hacer patinar el embrague del carrete. A ello hay que añadir que en un barco de vela no puedes parar como en uno de motor, y aunque mientras Pablo y Pedro recogían sedal, Juanjo e Isra bajaron la mayor, con la fuerza del génova, más el peso del pez, terminó pasando lo irremediable después de casi una hora de lucha. Nos lo zampamos en tacos marinados al estilo canario. Una barracuda de dos kilos y el récord del viaje: un dorado de 15 kilos. Los más sabrosos los abadejos y el bonito.

Los navegantes entre Caboverde y el Caribe hablan de la venganza del dorado. Dicen que da cagalera. Es cierto, lo descubrimos cuando ya nos habíamos comido la mitad del pez. No es nada peligroso ni tóxico, parece más bien que la carne, riquísima por otro lado, contiene una grasa con efecto laxante. Todos convinimos desde el primer día en hacer pis sentados y en limpiarlo de pelos después de ducharnos. Nos costó una enormidad conseguir que Jean entendiese el mecanismo de la bomba manual de extracción, pero lo conseguimos. Los retretes de un barco no son como los de casa. En eso coinciden hasta los navegantes más entregados. Por eso meamos asomados a la popa siempre que las condiciones lo permiten.

Dicen que la mayor parte de los cadáveres que se encuentran en el mar, tienen la picha fuera. Ir a hacer caca o pis es toda una aventura. A Pedro se le quedó atascado el cepillo y cuando tiro para sacarlo se rompió el palo. En ese momento pensé que cualquier otra desgracia, incluido un naufragio, era mejor que meter la mano para sacarlo. Pero hice lo que hay que hacer. Usar el cepillo y echar pato wc  es el máximo de higiene que hemos negociado entre todos. Hay que decir, no obstante, que se mantiene una limpieza y orden bastante razonable.
A parte de los peces, del resto de la fauna poco que añadir. Ha sido un poco decepcionante. Hemos visto delfines y calderones, pero ninguna ballena. Tampoco tortugas hasta nuestra llegada a las islas. Ahora mismo, en el canal entre Martinica y Santa Lucía, nos rodean varios cormoranes al acecho de los peces voladores que levantan el vuelo a nuestro paso. Es precioso ver como clavan en picado al agua para hacer sus capturas. De este tipo de peces nos hemos hartado de recogerlos en cubierta. El primero nos hizo mucha ilusión. Con las alas desplegadas son como un pájaro. Lo devolvimos al mar pero salió volando antes de tocar el agua.

Cada mañana, cuando hacemos la inspección de cubierta para tomar nota de los desperfectos, vamos retirando peces muertos. Algunos son tan pequeños como boquerones, y se meten por cualquier hueco. A Isra le cayó uno encima mientras dormía en su camarote. Entró por la escotilla, y era de los grandes. Hay que limpiar de peces todas las mañanas para que no se pudran. Aún así, la cubierta huele un poco a pescado y está sucia por las escamas. Hay que baldearla todos los días.
En cuanto a la navegación, hemos tenido viento portante desde que zarpamos en Tenerife. Como los alíseos son parte del anticiclón, su recorrido es circular, de forma que primero entraba por la aleta de estribor, luego y la mayor parte de la travesía por la popa, y finalmente llevamos dos días con viento por la aleta de babor. Nos ha llevado más al sur de lo inicialmente previsto, hasta el punto de que los últimos días veíamos como nos acercábamos a Trinidad Tobago  y la costa venezolana, plagada de piratas.

Es una zona en la que esta gentuza tiene la afición de abordarte, tirarte al agua y quedarse con el barco, todo ello ante la pasividad de las autoridades del régimen, que más bien parecen lucrarse con el negocio al más viejo y puro estilo británico que rivaliza con lo francés por estas costas. De la herencia española aquí no queda ni rastro. También en este punto los alísios hicieron lo que se esperaba de ellos.
Hace tres días el viento nos empezó a desplazar hacia el norte en dirección a Barbados. En estas condiciones, la navegación rápida, cómoda y segura aconseja utilizar el tangón para sacar mayor partido a la navegación a orejas de burro (genova en una banda y mayor en la contraria). Hacer esta maniobra de madrugada, noche cerrada y en medio del Atlántico …..
Tan solo añadir, que no nos hemos aburrido. La navegación, la pesca, las reparaciones, la cocina, el orden del barco y el aseo personal nos consumían la mayor parte del tiempo. En los ratos libres hemos escuchado música de todos los tipos, desde opera barroca hasta rock duro pasando por Manolo Escobar. Hemos jugado a las cartas y celebrado por todo lo alto como el godo desplumaba a los canarios.

Hemos visto películas, nos hemos contado nuestras vidas y nos hemos bañado sentados en la popa a cubazos con los pies dentro del océano. A esto lo llamábamos “ir a la playa”. También hemos ido a la compra (cuando pescábamos), de cañas (el aperitivo), al casino, al cine….. No se imaginan la de cosas que se pueden hacer en 20 metros cuadrados durante tantos días. La clave ha sido la tripulación. Todos hemos cuidado unos de otros. Todos hemos trabajado en el día a día y en la navegación.

No ha habido ningún mosqueo entre nosotros.No hemos tenido miedo, ni frío ni calamidades de ningún tipo desde que zarpamos de Mindelo. Áhora me quedo solo hasta abril y dado las mejoras que le hice al barco me estoy planteando seriamente cruzar el Pacífico. A fin de cuentas Panamá está cerca de aquí.

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