A menudo me embarco para navegar.

A menudo me embarco para navegar. Otras veces para hacer una simple vida abordo. Así ha sido en esta ocasión. Dos semanas sin trabajo son perfectas para estar en algunos de mis puertos preferidos.

Como siempre, escogí uno de los barcos de ECC Yacht. Esta vez ha sido un viejo conocido, el Cisco II, que estrené en el 2007 y ha dejado de pertenecer a la flota. Me pareció una buena decisión para cerrar su ciclo. Los barcos tienen carácter y eso es muestra de su cualidad de ser animado. Era de necesidad que le rindiésemos su cortesía. Sirva este tiempo a bordo y estas pocas millas para darle un adiós, que espero que sea un hasta la vista, en la mar o en algún puerto.

Por viejos conocidos y porque no iba a pasar mucho tiempo en la mar, no necesité de muchos preparativos a mi embarque. No hubo que cocinar para varios días en la mar, ni arranchar muchos pertrechos para largos días. Así que llegué al pantalán, comprobé que estábamos listos para navegar, puse todo a son de mar y zarpamos esa misma tarde de su base en la Marina del Sur en el Puerto Deportivo de Las Galletas en Tenerife. Rumbo a Lanzarote por la derrota más cómoda. Como es habitual en el verano Canario, el Alisio estaba establecido, marcándome el Nordeste con tanta precisión como el compás. Esto me iba a hacer barloventear por todo el canal Anaga – Agaete, por el de Jandía – La Isleta y la costa de barlovento de Fuerteventura. En derrota directa son apenas 190 millas, pero nosotros tendríamos que hacer cerca de 400 para arribar finalmente a Marina Rubicón en Lanzarote, mi puerto preferido sobre todos los que conozco.

Mar rizada y viento fuerza 4 nos llevarían cómodamente. Para ganar barlovento tuvimos que ir y venir a las islas como si la tierra nos llamase más que la mar abierta. Primero proa al Este. Gran Canaria cada vez tapaba más cielo, hasta que en la noche iluminada por la Luna casi llena, era la única cosa negra en el cielo, como si Neptuno hubiera engullido un buen número de estrellas. Bordo hacia el Norte de Tenerife, donde llega un amanecer prodigioso, con el Sol saliendo de la Mar para entrar en una maciza capa de nubes. Para saludar esta efeméride, primero nos visita un nutrido grupo de calderones que pasan nadando muy aristocráticamente, algunos por nuestra proa, algunos bajo nuestra orza (por cierto, es espectacular ver como la sonda marca en Mar abierto 3 metros) y los más rezagados cruzan despreocupadamente nuestra popa. Más navegación ahora en rumbo a la Isleta. El Alisio no me da más ángulo y me espera algún bordo más para sobrepasar Gran Canaria. Navegamos tranquilos, con poco tráfico sobre las olas, pero allá abajo, en el abismo debe haber una fiesta y en nuestra popa, con el fondo de la Costa de Tenerife y una hora después del paso del meridiano, una yubarta salta del agua con todo su cuerpo en el aire por cuatro veces, festejando el día, la Mar y la vida. Es un espectáculo exclusivo para nosotros y es la primera vez que lo veo en estas latitudes. También yo tengo disposición para la fiesta, tomo un par de pies de escota y a escorar un poco.

 

Otra Luna y algunos barloventeos me llevan a Marina Rubicón. Lo que sucede ya es costumbre: que te saluden desde el varadero, desde el One y desde la gasolinera antes de amarrar tu barco; es otra forma de saber que estas en casa. Pasaremos una semana de relax aquí. La mayoría del tiempo amarrados, salvo para navegar hasta la Isla de Lobos. Hay tiempo de SPA y masajes en el Hotel Princesa Yaiza, paseos hasta Playa Blanca, a casa de Juan el Majorero para comer una buena sama, tiempo de remojarse en la piscina de la marina, o de dejar pasar el tiempo en nuestro amarre y por supuesto de tomar refrescos muy bien preparados y servidos con una amplia sonrisa en el mejor bar de navegantes del Océano Atlántico, que no es otro que el One. La semana se hace muy corta. Vuelve a ser tiempo de zarpar. No lo siento por hacerme a la Mar, sino por dejar lugar y amigos. Pronto volveremos, seguro.

Rumbo directo a Las Palmas y a la mañana siguiente estamos amarrados en el Puerto de La Luz. Las Palmas ha sido mi casa durante un tiempo. Guarda muchos rincones con historia para mí, así como buenos amigos. Solo tres días son casi nada, pero ya no queda mucho tiempo de mi sabat. Como hace el firmamento que nos guía por las noches, nuestro hado es seguir moviéndonos hacia el sitio donde salimos, para nosotros es el puerto de salida.

Durante la noche navegamos por el Norte de Gran Canaria con un bonancible Norleste que se convierte en fresco en el canal. No tengo prisa por llegar, puesto que eso marcará el fin de mi viaje. Tomo un rizo y llevo a la rueda al Cisco II. Siempre hay tráfico aquí, es divertido gobernar a cada barco, buscar nuestro espacio en este Mundo libre pero bien reglado, en el que finalmente, por mucha ley que te asista, el pez grande se come al chico sin apelación posible. Nosotros somos el pez más chico que hay aquí, así que es mejor que estemos bien alerta, anticipemos las intenciones de los peces grandes y nuestras maniobras. Gobernamos algún mercante de vuelta encontrada, otro que tira al Sur por el dispositivo de separación de tráfico que nosotros estamos cruzando por el lugar establecido para ello, y finalmente damos resguardo a un gran remolque que está en nuestra derrota. Nos hemos ganado un nuevo día y puntualmente amanece un tamizado Sol a través de la calima, que proyecta una irreal luz amarillenta sobre el Teide. Ahora solo tenemos que dejar al fresco viento del Norleste que nos empuje por nuestra aleta hacia el Sur. Eso hizo. Por mi parte solo tuve que tomar amarras y despedirme. Quizá hasta pronto, Cisco II. Espero que hasta dentro de unos pocos días, Océano.